Las mejores (y más bonitas) sillas para llevar a los niños en la bici

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Me encantan las bicis. Pero no en plan carreras y entrenar y esas cosas, que soy una vaga (deportivamente hablando) de narices.

Me gustan las bicis en plan bucólico. Ir a pasear con tu bici por los caminos, con la bici de paseo y la cesta de mimbre. Me gustan las bicis porque me recuerdan al verano. Unos veranos que yo tuve, y por más que quiera que sea todo lo contrario, Inés y Lucas nuncan tendrán. Esos veranos subiendo en bici a la piscina, con ese olor de esos árboles que cada vez que voy camino al trabajo en Madrid y los huelo, me transportan al verano de Sariñena.

Este verano. Empeñada yo, cabezona como nadie, en que Inés disfrutara de la bici, se pegó un tajo en el pie que por poco se corta el tendón de Aquiles. Iba en la bici, y metió el pie (suerte que con zapatilla de deporte) entre los radios…le dije. No pasa nada Inés, en cuanto te cures, volveremos a intentarlo, y me dijo: “Yo no quiero bici nunca más mamá”.

Afortunadamente le duró poco. El otro día mis padres le trajeron la bici a Madrid y enseguida quiso salir a la calle en ella. De hecho a la muy macarra le encantan las ruedas. Va todas las mañanas con Mr. P en patinete al cole.

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